Conmemoración del 15 de noviembre, Día Mundial de la Filosofía.

Filosofía, una educación para la Vida

Aunque digan que la filosofía no es práctica y que no sirve para nada, nos reafirmamos diciendo: las grandes preguntas, las grandes inquietudes... ¿dónde se contestan? ¿Qué hacemos con aquello que nos asalta cuando uno se encuentra a solas consigo mismo: y por qué la vida, y por qué la muerte, y por qué el dolor, y por qué envejecemos, y por qué nos pasan las cosas que nos pasan? ¿Por qué hay sufrimiento, y por qué se puede pasar del sufrimiento a la alegría y de la alegría al sufrimiento, y qué es lo que nos conduce como un viento de una cosa a otra? ¿Por qué tenemos temores y por qué dudamos...?

Cuando surgen estas preguntas, o las respondemos o viviremos perpetuamente angustiados porque habremos echado una cortina delante de nuestros ojos pretendiendo no ver lo más importante.

Cuando hay interrogantes no hay más remedio que preguntar. Cuando Sócrates decía: "Sólo sé que no sé nada", no lo decía por conformarse con no saber nada. Es un reconocimiento de lo que no se sabe y un punto de partida: "voy a saber más porque necesito más". Aunque pasen los siglos, el ser humano se seguirá planteando estos interrogantes. Y basta que nos exijan una respuesta para que la filosofía se vuelva útil y práctica, y necesaria.

La filosofía es la gran educadora; es la que nos enseña. No vamos a llegar a ser sabios, pero por lo menos tendremos algunos temores menos, algunas dudas menos de las que teníamos antes; no vamos a mirar a la Gran Verdad, pero empezaremos a tener algunas certezas.

Una buena educación forma y transforma. Una buena educación es alquimia interior; no podemos ser igual antes de aprender como después. Y si somos iguales es que no hemos aprendido nada, es que hemos memorizado un montón de cosas y no sabemos nada. Esa educación formativa, de transformación, como nos decía el profesor Livraga, no es una educación de forzar a la gente; no se puede torcer la personalidad humana.

En todo caso, es una educación que nos tiene que liberar de muchas ataduras y de muchas deficiencias, y de muchas inseguridades y temores. Cuando uno puede soltar estos lastres, desamarrar la embarcación, el alma se siente libre. Esa educación formativa tiene que ayudarnos, tenemos que aprender a aprender. Y tenemos que aprender con la práctica, porque nos estamos haciendo muy sedentarios. Demasiado. Nos falta la experiencia. Hay que llegar a ser uno mismo.

Delia Steinberg Guzmán